lunes, 18 de diciembre de 2017

Historias de Terion: el guerrero errante (17)

Einar se encontraba en una cama, mullida y limpia. Todo el cuerpo le dolía, sentía el alma pesada, quebrada. Una bofetada le sacó de sus ensimismamientos. Se encontraba en una caballa pequeña, de madera, oscura, levemente iluminada por un pequeño ventanuco en la pared de su cama. Solo había un escritorio y un armario pequeño.

-¡Idiota, desgraciado, imbécil! -Lloraba Kaira mientras lo abrazaba después. Einar solo correspondió mecánicamente su abrazo. Cuando Kaira se tranquilizó y trató de soltarse, al no dejarle Einar, trató de nuevo de hacerle reaccionar  con reproches.
-Einar. Reacciona maldita sea...así no puedo...- Einar la acalló. Al ver los preciosos ojos de Kaira, llenos de vida y libertad, no pudo evitar rozar los labios con los suyos. Lo que provocó otra bofetada de Kaira. Einar se rió.
-Yo también te quiero Kaira-le respondió Einar aún incapaz de ponerse en pie.

-Señor Einar, me alegro de que haya despertado. Me gustaría dejarle descansar cuanto necesite, pero mi hermano, Aestis Ignis, está de camino y no debe descubrir que les he ayudado. -La voz resonó a tras Kaira. Era una mujer vestida con un vestido blanco, mangas largas que se anchaban desde el hombro. Los bordes tenían una franja dorada y el símbolo de la hermandad del sol, bordado en dorado, situado en su pecho, indicaba que trataba con una sacerdotisa, la suma sacerdotisa de la hermandad del sol, miembro de la familia Ignis, Marcy. Era una humana, mujer, muy hermosa, tono de piel arena, pelo negro largo y ondulado, de generosas curvas y alta.

Por fin, Einar reaccionó. Con ayuda de Kaira se puso en pie y esta comenzó a vestirle con sus ropas habituales.
-No... para... ya me ocupo yo- le sermoneó Einar. Kaira le ignoró por completo.
-No tenemos tiempo alelado.  Escucha lo que te dice. - Marcy dejó una pausa de silencio tras Kaira y comenzó a explicarle.

-Tras tu brillante pacto ilegal en el más allá, algo que podemos olvidar que ha sucedido, Kaira ha regresado a la vida. Encontrándose conmigo, ordenando a los soldados retirarse y llevar el cuerpo herido de mi hermano a donde pudiesen atenderle. Mientras, yo me ocupaba de vosotros. El caso es que oficialmente, ordené a nuestros guardias que os arrojasen por ahí y os hiciesen desaparecer, pero personas de mi absoluta confianza, los emboscaron para llevaros a un lugar a salvo. Hemos esperado por ti, para ponernos en marcha. Mi hermano ya está en pie y clama venganza contra tu persona y contra Kaira. Por algún motivo, Aestis, siempre te ha tenido envidia. Quizá fueron tus logros como guardia o sirviendo a la corte, quizá te vio como alguien peligroso, el caso es que ha tratado por todos los medios de quitarte de en medio y hacerte todo el daño posible.
-¡Él es el líder del gremio de la liberación!
-Eso es una acusación muy grave, sin pruebas no podéis ir contra él, tiene el apoyo de toda la familia y de las demás, por mucho que el rey te crea, lo tendría difícil condenarlo. Yo no me suelo meter en los asuntos familiares, ya tengo bastante con mi trabajo, pero no soporto ver ese tipo de peleas en mi casa. Así que os llevaré a Puerto Ocaso, viajaréis en una caravana mercante, discreta, sin armar follón. En unas jornadas, llegaréis con rapidez al puerto, tomaréis un barco y os quiero ver fuera de Solis para siempre. Os daré recursos. Lo tengo todo dispuesto. Es todo cuanto puedo hacer. Cuando estéis listos, vuestra escolta os espera fuera.  Por cierto Kaira, sí, tu padre, está en Edeso. Deberías ir allí a buscar su protección. - Dicho esto, Marcy se marchó enfadada.

Tras la puerta cerrada, Einar pudo escuchar a Marcy  y a otra voz muy familiar.
-Ya estás satisfecha?
-Sí, madre, gracias.
-Que sea la última vez, no vuelvas a interceder en los asuntos de la familia. Quédate al margen, o no podré protegerte siempre. Refúgiate en tu trabajo, como hago yo.
-Sí madre. - Einar calló al momento, era la hija adoptiva de Marcy, la demonio Soul. Así que Marcy había sido obligada por Soul a salvarlos. Al menos, había cumplido su palabra.

Cuando Kaira terminó de vestirlo. Cogieron sus pertenencias en silencio y sin mirarse, dejando tiempo a las dos protectoras irse. Después salieron rumbo a su nuevo destino.